martes, 5 de abril de 2011

Dinero ajeno

Todos hemos pedido un préstamo, todos hemos tenido un crédito y leyendo algunas notas de amigos que hablan de la corrupción en los bancos me pongo a pensar en ellos.
No necesitan de corrupción para ser ladrones, porque esa es la palabra y sin eufemismos; el banco es el negocio redondo con permiso para robar ¿de que otra manera se le puede llamar?
Al parecer en México es donde se roba mejor porque las tasas de interés son verdaderamente obcenas; ascienden hasta al 40% de lo prestado, cuando en otros paises el 18% ya se considera altísimo; como es frecuente, parece que somos los únicos que permitimos ese abuso, con la alegre inconciencia que nos caracteriza.
En teoría, un banco debe demostrar poseer cierto capital para operar, pero en la práctica, yo me pregunto ¿que pasaría si todos los clientes decidiéramos retirar nuestro dinero de las cuentas al mismo tiempo? simplemente no habría manera, porque en la realidad los bancos operan con dinero ajeno; lo que nosotros mantenemos en las cuentas es lo que se presta a los incautos o necesitados que piden créditos, sin que a los simples mortales que guardamos nuestros centavitos en el banco nos toque algo del tremendo interés que se le cobra al "beneficiario" del crédito; por si fuera poco, nos cobran hasta por hacerles el favor de darles con que hacer negocio porque cheques, disposciones en cajeros automáticos o ventanillas, reposiciones de tarjetas y a veces hasta el estacionamiento nos cobran, como si nos hicieran el favor de guardarnos el dinero.
Si compras una inversión la cosa no mejora, porque el interés que te pagan es ridículo, ni siquiera alcanza a compensar la inflación y además tienes la obligación de dejarlo en sus manos por meses y no puedes tocarlo, bajo el pretexto de que ese es el que invierten (como si el de la cuenta corriente estuviera sentadito y cantando) y mientras mas tiempo les das para "moverlo" mas ganancia te reporta. En un sistema ideal así funciona la cosa pero sabemos que no es así.
Si pecar de revoltosa ¿no sería una excelente medida de presión, retirar todos nuestro dinero de sus bancos? Quizá así podríamos hacerles ver algo que el sistema capitalista tiene de bueno y que sistemáticamente lo olvidamos: el cliente tiene el poder.

sábado, 2 de abril de 2011

Oportunidades para todos

Se habla mucho de las razones para la emigración de las pequeñas comunidades a las ciudades, la mas nombrada es la falta de oportunidades. Es cierto.
En el caso de los poblados que son casi rancherías, donde para conseguir una cubeta de agua hay que caminar tres kilómetros y la escuela es un cuarto donde se mezclan niños desde los 6 hasta 15 años, generalmente con profesores que están ahí a la fuerza y esperando cualquier pretexto para salir corriendo, esta falta de oportunidades es cierta; pero hablemos de las no tan pequeñas comunidades, de esos pueblos donde hay servicios y uno puede crecer ahí hasta la adolescencia y tal vez emigrar para estudiar una carrera universitaria, enfoquémonos en esos seres privilegiados que pueden vivir con cierto grado de comodidad ¿que pasa con ellos? La mayoría terminan la secundaria, con suerte la preparatoria en su pueblo y lo primero que piensan es en salir de él ¿porque? El mismo argumento: "no hay oportunidades de desarrollo" "te quedas a hacerte viejo en este pueblo aburrido" "¿a que me voy a dedicar aquí?"
Estas respuestas son clásicas en nuestra sociedad (y no me refiero a la mexicana, sino a la creada por el sistema, creo que es aplicable a cualquier país inmerso en el imperialismo) porque tenemos una idea común y muy clara de lo que significa superarse: tener; bombardeados hasta el absurdo de publicidad donde nos dicen sistemáticamente que hay que tener un auto moderno, que no debemos perdernos los estrenos hollywodenses, que triunfar en la vida es tener casa con jardín y dos perros, que si no vas a los mejores antros estás fuera de la modernidad y que lo mejor que puede pasarte en la vida es usar traje y corbata (las mujeres traje sastre y tacones) para trabajar en una compañía enorme y de prestigio ¿que podemos esperar?
Esta sociedad ha reemplazado valores antigüos, algunos francamente detestables pero muchos otros, considero yo, básicos para la superviviencia armoniosa, a fin de cuentas se supone que esa es la meta original de la creación de una sociedad: la armonía, la paz, la tranquilidad y cooperación entre sus miembros para vivir bien. Ahora los valores tienen mas que ver con poseer, sobre todo lo que la publicidad nos dicta necesarios para ser "feliz".
Esos seres que emigran de sus pueblos que mencionaba yo arriba, van tras el sueño de El Dorado, creyendo que verdaderamente encontrarán la felicidad y satisfacción en un mundo lleno de "oportunidades" y ni por error piensan en regresar a sus pueblos de origen porque allá no van a encontrar todo ese modernismo que los deslumbra de las ciudades y sin darse cuenta, ingresan al enorme ejército de relegados, de pobretones (valga la palabra), de "nacos" con aspiraciones; crean un sincretismo entre sus costumbres de pueblo y las que tratan de adoptar de las ciudades que terminan en una revoltura de actitudes, comportamientos y estilos de vida que los marcan como parias sin que se den cuenta siquiera. La mayoría de ellos terminarán de empleados en tiendas de autoservicio, mensajeros, repartidores, choferes; con jornadas asesinas de trabajo, recorriendo distancias absurdas todos los días porque sus ínfimos salarios no alcanzarán para vivir en la ciudad propiamente, sino en las zonas conurbadas, mas baratas y a dos horas de camino de sus lugares de trabajo. Eso si, con "paguitos" en Elektra se comprarán una pantalla plana, un x-box, un refrigerador que no cabe en su cocina (si es que tienen cocina) y un celular que hace todo lo que antes hacían 10 aparatos, por supuesto los intereses de los paguitos les importarán dos veces el valor de lo comprado y la pantalla servirá para ver el juego del domingo porque entre semana ni tiempo para ver televisión pero todo sea por ser parte de la "sociedad", esa misma que los desprecia y se burla de ellos.
Esta forma de vida (si es que vida podemos llamarle) será la suya hasta el final de sus días porque no conocen otra y porque cualquier cosa es preferible a volver a sus pueblos; ahí está el quid del asunto; a esos seres nadie les enseñó que la felicidad no es acumular cosas, no es tener el último lanzamiento de Telcel e ir a los estrenos de cine de verano, no se dan cuenta que en realidad no son felices porque viven endeudados, angustiados, cansados, sin tiempo ni ganas de reflexionar en lo que están viviendo, sin enterarse nunca del enorme placer que significa leer, observar la naturaleza, acariciar un perro que te mira con ojos de enamorado, escuchar con atención un buen disco o sentarse a pensar exclusivamente. Esta sociedad les ha atrofiado la curiosidad, la reflexión; les ha vendido la idea de que hay que comprar para ser feliz y que en las ciudades encontrarán todo lo que buscan (y que buscan lo que la publicidad les dice que hay que buscar)
¿No sería maravilloso que toda esa gente volviera a sus pueblos a compartir lo que aprendieron? ¿No sería un gran paso que pudieran aprender que la felicidad no está en poseer sino en disfrutar? Puedes ser feliz en un pueblo pequeño, siempre y cuando aprendamos que está en nosotros y no en lo que tenemos poder despertar todos los días con ganas de iniciar la jornada, que las cosas no nos hacen sentirnos bien mas que en la medida en que podemos disfrutar de ellas con todos nuestros sentidos.
Claro que no hay oportunidades para todos, pero las que hay debemos saber aprovecharlas y entender que oportunidad de superarse no es sinónimo de comprar y poseer.

viernes, 1 de abril de 2011

Niños del Narco

Hoy leí un artículo que nuestra amiga Guadalupe Lizárraga nos compartió acerca de los "niños del narco"... verdaderamente espeluznante. Habla de la cantidad de niños abandonados, sin recursos, huérfanos, de familias rotas o ausentes, en fin, niños con ínfimas posibilidades de supervivencia en un mundo que cada vez se nos antoja mas apocalíptico.
El artículo en cuestión me hizo reflexionar en algunas cosas. Por un lado, están esos niños de casi nulos recursos económicos, niños criados dentro de familias ausentes, la mayor parte de las veces porque los salarios son tan reducidos que se tienen que trabajar jornadas larguísimas, recorriendo tremendas distancias para llegar de sus casas a los lugares de trabajo; los padres llegan tan cansados que pocas veces tienen el ánimo de enterarse que pasó en el día de sus hijos. En otros casos es simple y llano descuido, niños que quizá no debieron nacer porque sus padres no estaban preparados para asumir la responsabilidad de educarlos, cuidarlos, soportarlos en todos los sentidos pero que dentro de nuestra sociedad son necesarios porque las parejas "deben" tener hijos o porque muchos jóvenes no tienen ni la menor idea de como se produce un embarazo y menos como evitarlo: no olvidemos que una buena parte de la población en nuestro país tiene una instrucción por debajo del 4to grado de primaria, además de tabúes, creencias religiosas y moral barata que impiden que se tenga una educación reproductiva adecuada.
Por otro lado, están todos los huérfanos que la supuesta guerra contra el narco ha producido en los últimos años, niños que de plano no tienen "ni perro que les ladre".
Así, estos niños crecen como la hierba, sin cuidados, sin atenciones, sin educación (que no es lo mismo que instrucción), rodeados por un mundo donde la fuerza es el único valor, el dominio a través del miedo lo cotidiano y la violencia la forma mas sencilla de expresar estas características. Estos son los niños del narco, esta es la carne de cañón que ese gran poder usa y descarta de la misma manera que en los siglos XVIII y XIX hacía con los niños en fábricas y talleres: había tantos en esas condiciones que resultaba mas rentable comprarlos y explotarlos hasta la muerte, al fin nadie iba a reclamar.
Claro que también están los otros niños del narco que nadie menciona: los hijos de los capos; niños en escuelas caras, con todos los recursos económicos del mundo y la convicción de que su palabra y sus deseos es lo único que vale; niños criados para ser los próximos dirigentes de sus "empresas" con los mismos valores y calidad moral que aquellos que se reclutan en las calles para los trabajos mas sucios; la única diferencia entre ambos es que cuando se tiró la moneda de la suerte les tocó la otra cara.
Entonces nos damos cuenta que el real problema es ese: la falta de valores, respeto, educación y decencia; el hecho de que alguien tenga la fortuna de nacer entre pañales de seda no le da mayor calidad moral pero los condenados son los otros, los pobretones que traen las armas, los que no saben apenas leer, sobre ellos toda la fuerza de la ley, contra ellos descargamos nuestro coraje y cuando los condenan o mueren en balaceras decimos "un delincuente menos" sin detenernos a pensar que aquel que le paga como matón, él dueño del dinero es un delincuente igual o peor y tras él nadie va a ir, contra él no nos pondremos por la simple razón de que no sostiene el arma: paga para que alguien mas lo haga.
Esta crisis de valores, donde tener cosas es el único objetivo, donde vales lo que tienes ("eres lo que manejas" reza una campaña publicitaria) es la que nos lleva a que cada vez haya mas gente dispuesta a todo por unas monedas (literal, hay lugares donde les pagan mil pesos por matar a alguien) porque eso es lo que hemos llegado a valer.