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miércoles, 13 de febrero de 2013

Amigos por siempre

Todos tenemos al menos un amigo de "toda la vida", alguien que conocimos en la infancia o adolescencia y con quien continuamos en contacto siendo adultos, a veces intimamente, a veces de manera superficial. También creamos amistades en la vida adulta y conforme vamos envejeciendo estas se disminuyen hasta que es casi imposible lograrlas ¿A que se debe esto?
Empezando porque de niños no tenemos prejuicios, aceptamos a cualquiera que nos agrade mínimamente, no tenemos la menor idea de lo que las clases sociales significan, aún no tenemos formado un criterio ni ideología, la religión es algo intangible que no tiene nada que ver con nuestra vida diaria y las cosas son muy sencillas. A medida que avanzamos en la vida estas nociones se arraigan y empezamos a hacer diferencias y juicios antes de tratar a la gente, las ideologías toman forma mas o menos al mismo tiempo que los prejuicios. Esto puede estar a favor o en contra de nosotros ya que si bien buscamos la afinidad en ideas y creencias, también nos dejamos llevar por nociones preconcebidas de lo que debe ser una persona agradable según nuestros parámetros, así establecemos filtros pero también barreras.
Volviendo a los amigos de la infancia, muchos de ellos lo siguen siendo por costumbre ya que al ir definiendo nuestra posición en la vida a veces tomamos caminos que se alejan y llega un momento en que esa amistad está sólo sostenida por los recuerdos en común. En otros casos tomamos caminos similares y el lazo se refuerza.
En el tema de las amistades creadas en la edad adulta, si bien es mas difícil lograrlas suelen ser mas firmes y duraderas, pero hay otros casos en donde terminan con la misma facilidad con que iniciaron ¿porque? Generalmente es porque pasa lo mismo que en las relaciones de pareja: fingimos ser lo que no somos con tal de agradar además de la intolerancia que vamos acumulando con los años. Así si somos judíos y descubrimos que un amigo reciente es mormón nos apartamos, si somos provida y nos enteramos que una amiga se practicó un aborto la rechazamos, si somos de derecha le ponemos tache al de izquierda y mas ejemplos de ese tipo, cayendo en prejuicios y valores absurdos, basando nuestras decisiones en una pequeña parte de lo que un ser humano es.
Por otro lado, tendemos a confundir las situaciones y llamar amigo a un conocido del que no sabemos mucho corriendo el riesgo de que al descubrir su personalidad nos decepcionemos y nos sentimos traicionados cuando en realidad siempre fue así pero no lo sabíamos. En este caso tendemos a magnificar la situación y le atribuimos toda clase de sentimientos bajos y acciones reprobables (para nosotros), resultando ya no en un conocido que no nos agradó al final sino en un enemigo mortal.

 Es importante la cautela en las relaciones de cualquier tipo, mas en esta época donde la comunicación virtual es lo normal y donde se hacen muchos "amigos" de los que sólo conocemos una pequeña parte de ellos, pero esta precaución debe estar bien balanceada con la tolerancia y el respeto ya que evidentemente no vamos a coincidir en toda la ideología con alguien pero muchas veces los pequeños puntos de coincidencia son suficientes para tejer una amistad en cierto nivel. No debemos cerrarnos a unas pocas ideas para hacer amistades pero tampoco debemos exagerar en los resultados de esa búsqueda.
Las relaciones de cualquier tipo deben ser tomadas con madurez, analizadas con cuidado y sobre todo, hacer caso a nuestros instintos aunque suene medio esotérico ya que el subconsciente nos manda señales al iniciar una relación y tenemos que estar alerta a ellas para no caer después en resultados desalentadores y hasta dolorosos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Víctimas y victimarios

Debido a una interesante discusión virtual de hace unos días decido escribir este artículo hoy.
Una vez mas he de colocarme en el único papel que me se y es el de mujer, pido disculpas a mis amigos lectores porque por mas que trato no logro adentrarme en su cerebro que ustedes definen como sencillo y que tal vez en ello se asiente su complejidad para nosotras.
Pues bien, el tema de la discusión no era precisamente este pero se tocó y me parece interesante. En este momento histórico, cuando se supone estamos en franca evolución como especie y sociedad es un tanto sorprendente que en muchas cosas sigamos arrastrando ideas de hace mil años y peor aún, se consideren correctas, muchas veces de manera inconsciente.
Hablando de víctimas me doy cuenta que las mujeres tendemos a colocarnos en ese papel constantemente y mas aún en relación al hombre. Así desde niñas somos frágiles y dulces, si un niño de nuestra misma edad nos pone una patada seguro fue por malo y abusivo, porque a una mujer no se le toca "ni con el pétalo de una rosa", no importa que a los 5 años la fuerza física sea la misma entre ambos géneros ni tampoco importa que la niña haya fastidiado al niño en cuestión hasta acabar con su paciencia; en cambio si la pequeña golpea con todas sus fuerzas al niño, este deberá aguantarse bajo el argumento de que a las mujeres no se les pega (insisto, esa distinción de género es poco realista en la infancia en todos los sentidos a esa edad). De esta manera estamos sembrando un par de semillas importantes: la niña puede agredir, golpear, gritar, desesperar y el niño debe aguantar por dos razones: las mujeres son delicadas y se rompen y son medio mensas porque no saben controlarse. Así vamos comenzando con las ideas retrógradas.
Mas adelante, en la adolescencia las cosas se han agudizado un poco y ahora además de tener derecho a golpear a un hombre impunemente también aparece el derecho de chantajear. Desafortunadamente es una conducta muy generalizada y avalada (que no todos la aceptamos y seguimos); así las mujeres lloramos para conseguir algo, tenemos accesos nerviosos justificados, podemos ser incongruentes en nombre de las hormonas y los hombres deben aceptarlo. Una vez mas caemos en la situación de víctima, respecto a los hombres (que de la familia hablaremos en otro momento) ya que el jovencito que quiera salir con nosotras deberá aceptar berrinches, corajes, cambios de humor y hasta groserías, mientras que él tiene que comportarse inteligentemente y manejar nuestras acciones. se vuelve a reforzar el punto de mujeres hormonales, frágiles y medio tontas frente a hombres comprensivos, inteligentes y fuertes.
Una vez formada la actitud a tomar en la vida seguimos alegre e inconscientemente con ella, sin pensar en los resultados que nos dará. Las mujeres jugamos a tener todos los derechos pero ninguna obligación, podemos llorar, gritar, amenazar e incluso golpear; el hombre deberá ser magnánimo y entenderá que somos nerviosas, inquietas, sensibles, y aguantará todo,  hasta cierto punto porque dentro de sus derechos por ser mas inteligente estará el de tener mas de una pareja (pobre, tener que aguantar a una loca que le hace berrinches es demasiado, así que debe encontrar el equilibrio en otro lado).
Así hemos creado las actitudes que seguiremos toda nuestra vida las cuales serán mas o menos: "si un hombre sale con otra mujer además de su esposa es un patán, si una mujer lo hace es porque no recibe la atención suficiente", "si un hombre agrede a una mujer es un monstruo, si una mujer le avienta el sartén a un hombre estaba enojada".
Hemos caído en un punto en el que nos victimizamos, jugamos a ser superiores explotando las peores características que hemos aprendido a identificar como de género, somos fuertes y valientes a conveniencia ya que en cuanto provocamos una situación que nos parece desfavorable, asumimos el papel de víctimas y culpamos totalmente a los hombres (sea pareja, padre, jefe, compañero de trabajo) que no digo que sean por supuesto la inocencia vestida de blanco pero definitivamente no son los malos del cuento. Siempre que escucho a las mujeres quejarse de los hombres, decir que son lo peor del mundo, que todos son mentirosos me pregunto ¿entonces que necedad de tener uno al lado? sin contar con que me parece lo mas injusto del mundo ya que no es matemáticamente posible que el 100% sean malos.
Mientras no aprendamos que los derechos traen obligaciones y que si buscamos una igualdad en los primeros debemos asumir los segundos estaremos en desventaja y si seguimos explotando esa imagen de víctimas con tanta libertad, en el momento en que nos llegáramos a convertir en una nadie nos tomará en serio.

jueves, 18 de agosto de 2011

Yo merezco mas

A raíz de escuchar esta frase en una conversación me vino a la cabeza el concepto del que se habla y como hay que salirse un poco a veces de los temas políticos y sociales en los que he estado últimamente se me ocurre analizar este asunto. Por cierto que como soy mujer abordaré el tema desde este lado que lo manejo un poco mejor.
Es común esta frase cuando una mujer decide terminar una relación sentimental con alguien y en muchos casos es perfectamente válida pero el caso que quiero tocar es el de nuestra propia idealización.
Somos mujeres fuertes, trabajadoras, responsables, inteligentes, con opiniones propias y echamos a andar el cerebro con cierta frecuencia; de ahi que consideramos que el hombre a nuestro lado debe ser tan genial como nosotras porque merecemos mucho, entonces quien quiera estar con nosotras debe ser: inteligente, cariñoso pero sin ahogar, atento pero sin tratarnos como lisiadas, amable, cooperador, responsable, independiente, paciente, ingenioso, leal, noble. Esa no es una persona, es un ideal.
Muchas veces pasa que nos topamos con alguien con quien nos entendemos bien, con quien disfrutamos la vida, con quien las horas se pasan sin notarlo pero resulta que esa persona es desordenado o le matan los videojuegos (y nosotras no sabemos ni prender el X-Box) o no soporta las reuniones sociales; entonces empezamos a hacerle campaña en contra al videojuego, nos ponemos verdes cuando encontramos sus calcetines abajo de la almohada o le ponemos una cara tremenda porque no quiere ir al cumpleaños de la tia Lola, a la larga estas cosas crecen y terminamos pensando que es un desconsiderado, flojo y adicto al jueguito en cuestión, es entonces cuando surge el "yo merezco mas" y decidimos dejarlo con cara de sorpresa porque él no entiende porqué, si la pasamos bien juntos decidimos que no es suficiente.
Cuando decimos que merecemos mas, es porque no estamos dispuestas a pasar sus defectos o faltas (a nuestros ojos) sin vernos con ojo crítico y darnos cuenta que con todo y las maravillas que somos, dejamos la cafetera prendida casi diario (ya se rompieron tres por el calor o ya provocamos un corto), olvidamos pasar a la tintorería cada que nos toca (no hay un solo abrigo en el closet y está casi nevando) o somos capaces de morder al que nos interrumpa cuando estamos viendo nuestra serie de TV predilecta (mas ejemplos aleatorios).
Las mujeres fuertes e independientes tendemos a caer en estas situaciones, estamos tan acostumbradas a ser ejemplo a seguir, a decir la última palabra, a ser casi perfectas que nos la creemos, pasamos por alto nuestros errores y defectos porque "son pequeñeces". En este sentido los hombres son quizá mas honestos, conocen sus defectos y lo mas importante, conocen los nuestros y están dispuestos a aceptarlos como parte de nuestro carácter (ojo, este artículo no se refiere a relaciones patológicas, donde hay abuso, donde un hombre crucifica a una mujer por no ser su ideal, estamos hablando de relaciones mas simples y de hombres sin patologías de este tipo) ¿porque nosotras no? ¿porque no podemos ver aquel que está con nosotras es un ser humano? ¿porque cuando tenemos una relación agradable nos empeñamos en poner atención a las pequeñeces? No digo que todos los defectos sean poco, pero debemos poner en la balanza lo bueno y lo malo, lo que nos gusta y nos disgusta, si tenemos una pareja con quien estamos bien pero hay cosas que no nos gustan debemos valorarlas y pensar que los seres humanos somos paquetes completos, traemos cosas buenas y malas, no hay nadie con puras buenas (que es relativo, lo bueno para mi puede no ser bueno para ti).
 Ese carácter que nos gusta es resultado de un todo, de un conjunto de acciones, sentimientos, costumbres, valores y entre ellos seguramente hay muchos que no compartimos y esos son los que debemos analizar racionalmente, ser honestas con nosotras y saber hasta donde estamos dispuestas a pasar por alto algo porque también seamos realistas, no se le van a quitar, no va a dejar de ser como es, si lo conocimos desordenado no se le va a quitar, lo intentará, pero difícilmente lo eliminará, si lo conocimos coqueto lo será hasta en el geriátrico, estas son las cosas que debemos valorar y decirnos que tan dispuestas estamos a transigir, a aceptar; si no lo estamos, habrá que decirlo eso si pero no nos idealicemos, no merecemos alguien perfecto, alguien ideal porque no existe, merecemos un ser humano que tendrá tantos defectos como nosotras.